La aparente sencillez del rugby

“La aparente sencillez del rugby esconde un alma delicada. Bajo la fachada de un deporte basado en un mínimo de reglas y en la que, para el profano, todo vale, se esconde un sofisticado juego de relaciones humanas y estudiadas tácticas. Poner de acuerdo a unos cuantos tipos y que consigan, todos ellos, entregarse al servicio de una causa (en este caso, un balón con forma de melón) no resulta tarea fácil para ningún educador. La socialización para conducir el proceso a buen puerto implica no pocas renuncias y pequeños sacrificios personales. Quizá por ello, la práctica totalidad de grandes jugadores de rugby no se han definido por poseer una gran fuerza física, sino por un valor muy diferente: el carácter solidario”. (El tercer tiempo. Saga editorial. Albert Turró).

Con algún mínimo matiz (irrelevante hoy) el que escribe no puede estar más de acuerdo con el párrafo arriba transcrito. Aunque a los profanos les chirríe un poco, el rugby es un deporte muy sencillo. Se puede jugar sin ningún problema con el conocimiento de las reglas básicas del juego y poco más (como hemos demostrado muchos de los practicantes en España). Ese poco más podríamos resumirlo en respeto al compañero, al adversario y al juez.

Sin embargo, el reglamento es un entramado de muchas y, a veces, complicadas reglas. Jugar a un alto nivel implica, bajo mi punto de vista, el máximo conocimiento de las reglas para poder explotar todo el potencial que éstas nos permiten. Y con esto se cierra el círculo: los mejores jugadores siempre tienen, al menos, una cualidad no física: la inteligencia.

Y en estas estamos con nuestros peques. Monitores (educadores) intentando llevarlos desde la sencillez del deporte a la complejidad del juego. Hace tres años nos pareció un mundo enseñarles a correr con un balón hacia delante y hoy estamos sobrepasados por la velocidad con la que interiorizan los conceptos. Y es que nosotros proponemos y los niños disponen. Ellos deciden cuándo empiezan a aplicar lo que les hemos enseñado y da la impresión de que vamos un paso por detrás de ellos cuando la lógica dice que los mayores debemos controlar el proceso. Pero no es así y lejos de preocuparnos, nos gusta. Es un reto precioso que siempre nos hace estar en alerta y ellos no nos dejan dormirnos en los laureles.

Nueva jornada de partidos organizados por la FMR con un formato diferente. Dos sedes (Orcasitas y Puerta de Hierro) y tanto nosotros como los padres encantados de regresar a P de Hierro, aunque solo sea por la facilidad en el aparcamiento. Menos equipos, menos barullos, menos tiempos de espera. La jornada prometía, a pesar de la adversa meteorología que nos amenazaba.

Presentamos, como casi siempre, dos equipos. Uno en el nivel alto y otro en el nivel medio. Este sistema, aparentemente sencillo, para clasificar a los jugadores hay clubes que no lo entienden muy bien y se autoengañan con la única finalidad de que sus equipos ganen….en sub 8. Allá cada cual.

Primer enfrentamiento con Arquitectura blanco y aperitivo de lo que iba a resultar la jornada (con algún altibajo) para nuestras lagartijas. Partido muy disputado en la primera parte con muchas alternativas debido al dinamismo que imprimieron ambos bandos, en buena parte por una ausencia de placaje. Se sucedían los ataques en uno y otro sentido y aunque muy igualados en el marcador, los arlequinados ponían tierra de por medio, mejorando el placaje y realizando notables jugadas de continuidad y apoyos. La segunda parte no hizo más que refrendar lo visto en la primera. Lo que os decía: nosotros proponemos, ellos disponen.

Industriales es nuestro segundo rival que aprovecha la bisoñez de nuestros elegidos para conseguir ensayos, no para jugar mejor. Poco a poco nos fuimos entonando y recuperando nuestra esencia: continuidad aunque un poco flojos en el placaje. La segunda parte sirvió para ir afianzándonos y terminar el partido con un buen sabor de boca.

Majadahonda fue un digno tercer rival y ambos equipos ofrecieron un bonito y disputado partido. Mucha continuidad y no demasiados ensayos: esa combinación sólo indica una cosa: rugby en estado puro con ataques y defensas muy equilibrados. Una parte para cada equipo y nosotros empeñados en el juego colectivo. No nos interesan los ensayos de carrera, queremos pases, apoyos, visión del juego, defensa,….. en fin, rugby.

Último partido contra Arquitectura Rojo, los sub 8 más pequeñitos. Para mí, un partido que sirvió de mucho a ambos contendientes. Por muy diferentes motivos. Las lagartijas tenían la instrucción tajante de buscar siempre el pase, el apoyo, hasta estar encima de la línea de ensayo. Y cumplieron. Es verdad que el rival facilitó las cosas pero en ciertos aspectos la lucha de los jugadores es contra sí mismos, contra su naturaleza “egoísta”. Fueron solidarios y se fueron contentos. ¿Qué más pedir?

Jugaron: Ignacio, Luis, Nico, Jaime, David, Pablo, Carolina, Ismael, Mario, Íñigo, Tobías, Santi, Jorge, Jesús, Lope, Martín A., Sebi, Bruno, Olivia y Rafael.

Lo mejor: El rugby que nos regalan estos niños y que nos anima a seguir creciendo.

Lo peor: A pesar de que la sede nos gustó mucho, dejó mucho que desear la organización. Sin planos de los campos, sin responsables visibles o accesibles, el último partido sin árbitro,……….

Gracias, una vez más, a los padres por su implicación (puntualidad, uniformidad de los jugadores, tercer tiempo) y por ser unos magníficos espectadores: animosos y respetuosos. No cambiéis.

¡SANGRE Y CIELO!      ¡AÚPA SANISI!

Carlos Suarez.

 

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