Crónica de un éxito anunciado

Por PHIL (@Tornarugby)
El rugby en España no está tan arraigado ni extendido como para que uno, que ya tiene cierta edad, no pueda decir que ha sido testigo del nacimiento y evolución de un gran club. Un club es el fundamento de todo. La cultura de club deviene, por decantado, la esencia de lo que se es. Hay entidades que no pasan de equipo, cuando lo fundamental es el club, y dentro del mismo todo lo que se genera, todo lo que se conjunta, todo lo que se deposita en el acervo que lo conforma y se transmite.
El sábado pasado, 21 de septiembre, en Salamanca, en el bonito campo de La Aldehuela (los que hemos llegado a jugar en esa tierra en el erial de Aldeaseca de la Armuña lo apreciamos mejor) San Isidro RC vio, casi en pleno, como un camino que se inició en 1992, idea de cuatro iluminados, alcanzaba una meta no hace tanto impensable. Frente al CAR de Cáceres (buenos amigos allí), un club con más solera y, sobre todo, de más recorrido, un 20 a 15, que pudo ser más amplio, nos llevó a los madrileños a la categoría plateada del rugby español.

Lo sorprendente, lector amigo, no es que SIRC haya ascendido, sino cómo ha llegado hasta ahí. Tres temporadas vertiginosas, de verdadero y excepcional círculo virtuoso, desde la 2ª regional madrileña en 2022 hasta este partido, de repesca, si se quiere, pero de ascenso al final. Digo de repesca porque es sabido que la renuncia de otro club, almeriense, dejó abierta la posibilidad de la promoción a una categoría que no todo el mundo quiere (o puede) soportar por su coste económico. Y es de justicia señalar que, el pasado mes de mayo, en partido con el mismo objetivo, ante otro club madrileño, solamente cuatro puntos lo evitaron y aun así la temporada había sido un éxito.
El sábado, día de otoño que bien hizo honor a su título, chaparrón incluido, el campo municipal salmantino se presentaba resplandeciente: el entorno cuidado, el campo en condiciones, si bien pesado por la lluvia del día previo y la del momento, y las aficiones pletóricas. Desde Madrid y Cáceres se desplazaron no menos de 500 personas, que, unidas a las de la transmisión telemática, dejan una buena audiencia para partido semejante. Qué pena que no cuente el campo de La Aldehuela con una somera grada.

Desde Madrid, dos autobuses y muchos coches particulares, y, añado, consumo masivo de «family points» en algunos casos. Incansable afición, sobremanera la juvenil sangre y cielo, a veces apacentada por vigilante senior moderador de consignas, para que el cauce de los ánimos coincida con el señorío de club que se pretende.
A las 15,30, sobre el terreno, los 30 contendientes iniciales. Los extremeños con una mezcla propia y foránea, cuatro puestos clave ocupados por jugadores africanos de clara sonoridad ungulada (Damons, Ndevu, Snyders, Fortuin, talonador, cierre de la melé, apertura y zaguero, respectivamente) y algún veteranísimo de la estirpe de los Higuero en el ala del lado abierto.

Los madrileños, más jóvenes, con la excepción de la muy necesaria guía en el pack de sendos veteranos, talonador y segunda, (había otro esperando turno para los refuerzos del segundo tiempo, también primera) muy adecuada para sosegar el ímpetu desordenado que, a veces, posee a los más noveles delanteros y cumplir, en fin, con la sorda labor de proporcionar posesiones de calidad a los diamantes que se van puliendo en las líneas de atrás de SIRC.
Rodea al campo salmantino un moderado talud que permite una adecuada contemplación del juego, en mi caso desde detrás de una de las zonas de marca, en buena y provecta compañía, que la abstracción del jolgorio parcial de las aficiones es menester para el análisis más ajustado. Este que me permite decir que San Isidro fue claramente superior, aunque el triunfo fuera muy trabajoso.

El CAR, decía, presentaba un XV más trabado, superior sobre el papel, con experiencia contrastada en categorías superiores y con los refuerzos que señalaba. Parecía que la batalla primordial, esa que se sucede delante, donde el transcurso del tiempo y la medición del espacio corroboran la relatividad de Einstein, les proporcionaría una plataforma para jugar con ventaja.
Así fue durante unos minutos solamente. Pronto los madrileños trocaron golpes por melés, mensaje inequívoco para quien lo quiera entender. Pronto ese saber estar -sufrir- delante permitió contrarrestar el empuje inicial de los extremeños: despliegue horizontal con colocación muy trabajada que permitía, en ataque, mostrar atisbos de lo que son capaces los tres cuartos arlequinados, y defensa muy precisa, al límite casi, para mejor contraatacar, de lo que siguió la primera marca madrileña: siete puntos de ensayo de castigo para un 3 a 7 tras la primera y significativa contra que nos regaló el primer XV de nuestro capitalino club.

Sólo en dos ocasiones íbamos a perder esa ventaja en el marcador: en el minuto 37 merced a la marca del ala más veterano sobre el campo, que culminaba una jugada cacereña muy bien traída tras melé escorada y en el minuto 70′ en el que otra marca blanquinegra dejada el marcador en tablas de 15 puntos. Antes, en el minuto 43 marca de San Isidro para el 10 a 12 y en el 65 golpe de castigo para el 10 a 15.
Los últimos diez minutos se presentaron apasionantes, a la par que agobiantes, porque los dos equipos, ya con las segundas unidades en liza, propiciaban ocasiones y peligros cerca de ambas fronteras puntuables, que se decidieron, finalmente, venturosamente, para San Isidro, con marca similar a alguna que pudimos ver esa misma noche en el Rugby Championship. Que no se transformará nos brindó una subida de tensión severa a los que sufrimos desde los márgenes del espacio de Ellis los últimos doscientos cuarenta segundos. Era de esperar que el CAR se lanzara cual ariete sobre la fortaleza madrileña, pero les fallaba -hacía tiempo- el fuelle y no pudieron derribarla, pues errores que con los pulmones a pleno rendimiento no se comenten, provocaron pérdida de posesión que fue definitiva para las aspiraciones de los vencedores.

Juego de patada en campo abierto bien, a veces imprecisa más por ímpetu juvenil (no hay que insistir en la edad media de los nuestros) y afán creativo que por error no forzado; peor a palos, bien lo sabemos, como que en las categorías nacionales no se pueden dejar escapar tantos puntos en esa suerte; excelentes en defensa, decía, más por la concentración que por la ejecución, que también fue buena, dos a uno cuando tocaba, basculante cuando era menester y al jugador si necesario; muy serios en el lateral y, sin duda, lo mejor, la lectura del juego.

El CAR, bregado en muchas contiendas, sabe alternar sus virtudes, ora el eje profundo, ora el horizontal, evasión unas veces, contacto otras, y el juego al pie combinando una segunda cortina, más bien larga, confiando en la zancada de sus africanos, y la zona de atrás de su rival. Ahí, precisamente, fue inaccesible San Isidro: una seguridad impropia de la juventud de su hueste, no tanto por la recepción, que también, sino por la ubicación exacta de cada defensor, reflejo de eso que decía: la comprensión del juego, que anticipó en cada ocasión las intenciones del del rival. Qué condición más favorable para la dura temporada que nos contempla por delante, últimos de la categoría en conocer nuestro destino.

El esfuerzo fue colectivo, dentro y fuera del campo, y mantenido en el tiempo durante años, así que los frutos caen por su propio peso y los recogen los afortunados que cuidaron el árbol. Los 23 jugadores no son más que representantes de un elenco que se remonta a gente que se daba cita cada jueves y cada martes en un terreno compartido, sin dimensiones reglamentarias, en el madrileño Parque del Retiro. El sábado coincidieron muchas de esas caras en los aledaños del juego, tensas primero, aliviadas y satisfechas después, rostros que son el primer eslabón de una cadena que nos lleva a los que en los últimos años se han ido añadiendo, entusiastas y exultantes y que conforman cada escalón del club, lo sostienen a la fecha y lo han llevado a jugar donde, de momento, se merece.

Como lo nuestro es decantado exacto de esfuerzos colectivos no mencionaré a quien anotó o a quien conquistó, que cada cual -y los demás- ya lo sabe. Pero sí los nombres de los que, representando a todos, los que están y fueron, los que se conectaron a una retransmisión finalmente sin comentarios y algunos que ya no están, pero acaso nos siguen. Todos pelearon y ganaron esa ya histórica jornada para San Isidro RC, con las botas de Rafita, Mikel, Novillo, Mannes, Tomi, Fede, Pablito, Manu, Saul, Rodri, Ros, Jorge, Agus, Rafiki, Eloy, Gonzo, Isma, Tala, Gaba, Pepelu, Cage, Adri, Eugenio (¡Eukeni!), Tatao, Cordero, Rubén, Negro o Marcos, delegados, fisios y fotográfos.
Sólo queda decir que lo mejor está por llegar (y añado, con contundencia: ¡cuatro años más!)














Zunzu
26 septiembre, 2024 (15:54)
Hace muchos años que pertenezco a este gran Club, casi todos, que no todos, porque llegué al año siguiente de su fundación. Soy uno de esos que corría por La Chopera allá por el primer lustro de los 90 y que se «envenenó» con el gusanillo del lagarto. Hemos pasado por momentos dulces y momentos difíciles, hemos visto nacer una Escuela en 2012 y hemos visto crecer a estos niños y niñas hasta que se han convertido en la savia del San Isidro. El sábado tuve que ver el partido por Youtube en La Habana, donde me encuentro por motivos profesionales, aunque mi mujer y mis hijos, los dos, chica y chico, jugadores del San Isidro, estaban en la Aldehuela y pudieron disfrutar de este histórico partido.
El sábado fue uno de los días más felices para mí, y quiero dar gracias a Dios por haberme permitido conocer a este Club y a sus gentes, y vivir con ellos estos ya 32 años de historia. A Curro, como presidente, y a sus antecesores Turco y Alfredo, por meternos en este maravilloso lío. A todo el Staff, técnico, con Eugenio a la cabeza, y directivo, por su desinteresado y entregado trabajo durante todo el año, y ya van muchos, en la Escuela, en la Academia y en los Senior. A aquellos visionarios de hace ya treinta años como el Calamar, el Turco, Blacky, Eero, Zopo, Moso, los García Larrache, Zipayo, Thierry, Gonzalo Fierro, Santi, Juanjo, Iván, el Guaje, Bustamante, Gonzalo Zulueta, Gus, Gonzalo Rubí, Dani, Chris, Andy, Miguelón, Rubén, Germán, Jeffrey, Ian, Coque, Keko, Pipo, Richy, Touch, Jorge Collado, Phil, Willy Isasa, Willy Fajardo, Aguililla, el Filete, Quique de la Pisa, y que me perdonen los que no haya nombrado, pero que se consideren incluidos, que, junto con este humilde veterano soñaron alguna vez con días como el del sábado.
A nuestros ángeles del Cielo Tinín y Silvana, por ser referencia, ejemplo y argamasa en este Club, siempre presentes en nuestros arlequinados corazones.
A todos los padres y madres de todos los jugadores que, durante más de 12 años, nos habéis confiado a vuestros hijos e hijas, algunos de los cuales jugaron el sábado.
A todos aquellos que estáis siempre. Aquí también puedo equivocarme, pero quiero incluir a Luis Ferrero, Jorge García, la incombustible Regina, Rafa Esguevillas con sus camaleones, Cesar Cebreiros, Javier Muñoz, Paco Díaz y su Pulpí maravilloso, Fernando Ortiz, los Peral, los De la Peña, Fernando de Rafael, Miguel Ángel Plaza, Christian, el Profe, el Vasco, todos los delegados y delegadas del Club, millones de gracias por ese corazón enorme y esa incansable y, a veces, silenciosa labor en favor del Club.
A todos los simpatizantes, socios y seguidores del San Isidro Rugby Club.
Me habéis hecho muy feliz.
¡SANGRE Y CIELO, AÚPA SAN ISI!
¡VA, SAN ISI, VA!