La mirada de un niño

Con la llegada de la Navidad proliferan aquellos mensajes de amistad, amor, felicidad, buenos deseos,……que nos negamos el resto del año, ya sea por acción u omisión. Sin embargo hay uno que nos ha llegado a casi todos, nada diferente a otros muchos, pero que sirve como punto de partida para esta crónica. Última de este año 2019 que languidece entre cenas de empresa, fiestas familiares, entrenamientos pasados por agua y esperanza para el nuevo año; que, por cierto, no lo tiene nada fácil.

Volvamos al vídeo que, en esta ocasión, nos aconseja dar las gracias constantemente. Es cierto que ya solo el hecho de disfrutar de la vida debería ser suficiente para dar las gracias. Sin embargo, nuestro ajetreo diario nos circunscribe a nuestra realidad, cada uno la suya, y pasamos más tiempo con el ceño fruncido que regalando sonrisas.

Uno de los escasos oasis que este humilde escribano disfruta es de color verde pero no tiene palmeras. Siempre es verde pero no tiene ni gota de agua. Siempre está pero lo disfrutamos pocas veces. Es itinerante. Es nuestro campo de rugby. Siempre y cuando esté lleno de niños. Y esto me lleva a la segunda recomendación de ese vídeo navideño tan oportuno. Mirar el mundo con los ojos de los niños. Yo, personalmente, creo que no se puede. Ya no somos niños. Sin embargo, creo que no debemos renunciar a intentarlo o a hacer una aproximación.

¿Quién sabe lo que nuestros niños ven cuando llegan los viernes al entrenamiento? ¿Qué perciben sus retinas en formación los sábados por la mañana en Orcasitas, con lluvia, frío, inclemencias al fin y al cabo?

Reconozco que no lo sé pero intentamos ponernos en su piel para que este deporte les resulte atractivo, para que los golpes no les duelan, para que el balón no se nos caiga, para que los placajes sean geniales,……… En definitiva, con el riesgo de ser un pesado, que disfruten. También reconozco que cuando parece que hemos acertado con la tecla, es pura casualidad. Ojalá que la flauta suene muchas veces.

Y a las 10 de la mañana, con Elisa cediendo el testigo a Fabien, nos volvemos a juntar para hacer lo que más nos gusta. Jugar al rugby. Día gris, ventoso, feo…de esos que nos gustan a los jugadores de rugby. Nuestro ejército bastante mermado respecto a aventuras anteriores nos obliga a reestructurar el calendario de partidos y pasamos a jugar tres. Hoy los nueve lagartijos tienen trabajo.

Primer plato, de esos llamados fuertes. Alcobendas presenta un equipo fuerte, rápido, compacto. Los nuestros apenas consiguen mantener el tipo ante un equipo con mejor disposición en el campo. Al final, se decantó la balanza por los granate aunque vendimos cara la derrota.

Charla, subida de tono, en los “vestuarios” para preparar el siguiente partido. Seguramente de una forma no buscada conseguimos ver lo que ellos precisaban para despertar y el segundo partido, contra Alcorcón, fue una historia totalmente diferente. Líneas defensivas bastante reconocibles, placajes ganadores, manejo del balón, continuidad y asociación de los jugadores brillaron a lo largo de ambas mitades. Un muy bonito juego que terminó con una merecida victoria. Queremos resaltar, sin que sirva de precedente, el partido de nuestro pequeño Jesús. De algún modo, conseguimos acertar con su tecla y nos obsequió con un gran juego y dos maravillosos placajes.

Ya no hizo falta apretar ninguna otra tecla. Seguían enchufados, muy enchufados, y el tercer encuentro, contra Rivas tuvo el mismo desarrollo. Ni siquiera el cansancio, los golpes,..los intimidaron y volvieron a ofrecer un gran partido. El perfecto colofón para el final de año. Ganaron un merecido descanso hasta después de la fiesta de los Reyes Magos. Por lo que respecta a sus obligaciones rugbísticas, esta temporada se han ganado unos buenos regalos.

San Isidro sub-8: Isra, Jorge, Íñigo, David, Pablo, Jaime, Nico, Ismael y Jesús.

Lo mejor: Ese espíritu indomable que les lleva a superar sus momentos flojos y ese esfuerzo que les permite terminar siempre mejor de lo que empezaron.

Lo peor: ese pequeño gen mutado que nos hace despertar un rato después de haber empezado el primer partido.

Gracias, una vez más, por ese tercer tiempo que tan bien gestionáis los progenitores.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz y próspero Año Nuevo!

Nos vemos en 2020. 

¡Sangre y cielo! ¡Aúpa Sanisi!

Carlos Suarez, entrenador. Fotos por cortesía de los Padres de Iñigo 

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