Veteranía es un grado o mañana de trincheras

por Phil.

Jirones de nubes de borrasca salpicaban un cielo azul y luminoso, como dos de los cuarteles de nuestra arlequinada. La temperatura fresca, otoñal. De otoño de verdad, de los de antes. Poco viento y el pasto irregular y muelle. Nada mejor para una mañana de domingo y los veintipocos lagartos de la partida del Club en Alcorcón. Los locales, bisoños y corretones muchos, apoyados por algún veterano y lastrados por algún delantero de pretencioso perfil y bajo desempeño. Al centro, dueño del instrumento de viento, un indusaurio. No pitó mal. Acaso omitió algunos golpes de flagrante infracción en el ruck que no nos perjudicaron en demasía porque las ocasiones acabaron en marca. Nos señaló dos expulsiones temporales a las que no cabe objetar: la primera se pudo evitar (la justicia, si no queda remedio, hay que ejecutarla de abajo arriba y no de arriba abajo, y solo en ocasión de tumulto o aglomeración) y la segunda frustró una incursión con halo de marca.

49 a 26 para los nuestros. Pudieron ser más nuestros puntos y menos los suyos, sin embargo. Pronto nos vimos con 20 de ventaja. Dominio apabullante delante, aunque costó ajustar la entrada en la formación canónica porque su primera línea habitaba, sin que fuera opción táctica, cerca del suelo. Corregidas las posiciones de empuje, el festival. Los balones que introdujo Peris, tras el primer golpe de riñones de los cinco de delante (el cumpleañero capitán Larratxe, el Profe, Canche, Eero y Touch), permitían un juego con franca superioridad de la tropa Sangre y Cielo. Los espacios se abrían francos para nuestras incursiones: del Vunipola pálido de Ciudad Real, de Peris y Eugenio, con tiempo para la elección táctica más oportuna, dentro de nuevo, eje vertical para que Mikel o Ismael martillearan, o, lejos, con la espalda del rival a la vista, eje horizontal.

En la formación cerrada Alcorcón padeció un Gólgota con sus propios balones. Hasta siete de sus melés perdieron los ocho delanteros amarillos y en las demás sus posesiones fueron de escasa calidad. Ahí nuestra mejor ventaja. Lo mismo en el lateral. Ismael y su mirada nos surtieron de la mayor cantidad de balones con saque propio. De los suyos Touch robó hasta tres con nitidez y los balones inciertos fueron nuestros casi todos.

Los habitantes del espacio abierto, Eugenio, Fernando, Diego, AJ, Luis y don Enrique De la Pisa, que se debe tratamiento a quien viste zamarra clásica, atrás, contemplaban complacidos ese trabajo porque les surtía de profusión de balones. Regocijo que se traducía en inopinadas galopadas para gentes de trayectoria vital tan dilatada. Imprecisiones y alguna falta de comunicación (reclamemos antes y con claridad esa feliz maniobra que permite al apoyo cruzarse por dentro) nos hubieran evitado los apuros del final del primer tiempo. Acaso la imitación de Hermes, el de las aladas sandalias, deba quedar para el primer XV del Club y nosotros inclinarnos por la inteligencia de Ares, pues aquella notable ventaja quedó reducida a nada (20 a 19) próximo el final de la primera mitad. No fue por cansancio, no fue por desgana ni por descuido, en realidad. Fue por desorden. Fue porque llegamos a jugar rugby a XIII en un partido de rugby Union. Y eso, por empeñado en perder que esté el adversario, se paga. Rotas las cortinas defensivas porque faltan efectivos, desorden, huecos, débitos.

Iniciado el segundo tiempo recuperamos la integridad de nuestra tercera línea. La de nuestros tres cuartos en el minuto 47. Ya XV frente a XV y los locales anotan sus últimos puntos en el minuto 54, mientras nosotros recomponemos el plan de juego. No lo debimos de hacer mal porque nos restaban aún doce puntos por sumar, una marca de Larratxe, sin transformar y otra (la tercera) de Miguelón 3.0, transformada por Eugenio para llegar a esos 49 que habían ido sumando estos dos con la primera marca y transformación del segundo minuto del partido, la de Peris en el minuto 9, el golpe de Eugenio en el 18, el ensayo de Ismael en el minuto 25, el de Quique de la Pisa en el 42, el segundo de Miguelón 3.0 también pasado por Eugenio del 48 y el de Luis (buen tino de todos los tres cuartos) en el 50, esquinado.

En la segunda parte Dave sustituyó a Eero –que presencia, que saber estar-, Germán a Diego, del que temimos lesión más grave de lo que hubo (¡ánimo!), Luis entró por Eduardo Profe –feroz conteniendo a los díscolos rivales en la batalla por el ruck- y, finalmente, Biriukov por el capitán. Todos cumplieron con honor y solvencia, como demuestra el acta del encuentro, ayuna de cifras en las casillas de Alcorcón desde el minuto 54.

Un privilegio ver de tal suerte a un XV de fe ilimitada de Sanisi. Por razones que no son la caso durante los últimos años he visto in situ más rugby internacional que local, y muy poco a mi club. Es hora de volver a las trincheras, del pasto y de la pluma, que casi todo el rugby está ahí, que el de relumbrón solamente es la punta de la montaña de hielo que flota en un mar inmenso, con destellos de oro que nos divierten y entretienen pero que se parecen menos al rugby esencial que hemos conocido la mayoría de los que este domingo nos juntamos en una buena mañana de tonos ocres de otoño y barro.

SANGRE Y CIELO!!!!!

 

 

1 respuesta a "Veteranía es un grado o mañana de trincheras"

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    AJ
    27 noviembre, 2019 (13:52)
    Responder

    Magnífica crónica. 👏👏


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