San Isidro B, 8- Vallecas, 25
En las trincheras
se sabía que el invierno sería duro. Los enemigos serían legión y las bajas,
numerosas. Ya lo eran, de hecho: al pasar
revista había demasiados silencios en las filas. Y allá lejos, tras la
bruma, se adivinaban poderosos ejércitos. Era el momento en que todo viejo
guerrero, a nada que pudiera arrastrarse, respondiera a la llamada y acudiera
la primera línea del frente. A tapar huecos y a confiar en que el enemigo no
det...
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