San Isidro B, 39
- Aranda, 34
Defendemos, por primera vez en meses, nuestra casa. Estamos en cuadro, rodeados, exhaustos y el enemigo es poderoso. ¿Qué hacemos? ¡Atacamos!. Y, sobre el sonido del silbato, una vez más, ¡¡Sangre y Cielo!! ¡¡Adelante!!
El enemigo, casi
invicto, es el campeón, cierto. Pero es el último combate. Termina la campaña
de invierno y el cielo borrascoso, por un segundo, se abre y baja sobre el
campo de Orcasitas un rayo de sol. Había que ...
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